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Adiós a la valiente Cristy Dangond

La noticia colgada en la cuenta de facebook que fue creada especialmente para ella, no solo sorprendió, también dolió demasiado, pese a que era algo que podía suceder tarde o temprano. Desde su muro el mundo se enteró que Cristy Dangond, la dulce y valiente niña de alma pura, se había marchado al encuentro con su verdadero padre. La pequeña Cristy se despidió de este mundo luego de una lucha con un cáncer, que se le había extendido por todo su cuerpecito. Se fue como lo hacen los valientes; sin miedo, preparada para cruzar la línea que fusiona el comienzo con el final de nuestro existir.
Fue una larga noche, una noche de espera, una noche de dolor y nostalgia, la que vivieron sus padres Fernando Dangond y Mónica Lacouture. Él, como todo un profesional de la medicina, científico además, sabía que el viaje de su niña ya no tenía espera; ella como madre al fin, quería aplazar la inevitable despedida. Ya era poco lo que se podía hacer, Fernando lo sabía, el adiós se acercaba junto con la madrugada del viernes.
Durante esos últimos días, que Cristy permaneció en la unidad de cuidados intensivos del hospital en la ciudad de Boston, donde residen todos, siempre tuvo a su familia cerca, muy cerca de ella. Cada vez que medio despertaba los veía ahí, pegados a su cama y con esa gratitud que le salía del corazón por todo el amor y los cuidados que siempre recibió de ellos, hacía un gran esfuerzo para decirles: papá te amo, mamá te amo.  Ellos le respondían, también te amamos hijita; mientras su ojos se cerraban nuevamente.
Descubriendo a Jesús
Lo que antecedió a este triste final, es una linda historia que el mundo conoce; es la historia de un gran milagro que le permitió a Cristy vivir un poquito más del doble de los años que tenía, cuando por primera vez se le descubrió uno de los peores tipos de cáncer llamado   rabdomiosarcoma metastásico. Sin embargo, en esos casi seis años que luchó contra esa terrible enfermedad, la niña se dio a conocer a través de su página en facebook, ‘Un millón de oraciones por Cristy Dangond´, donde se fueron sumando personas de diversos lugares para orar por su sanidad y por la de otros enfermos. Cristy enseñó a orar de una forma simple para llegar a ser escuchado por Dios. Solo pedía que dijeran al final de la oración; Jesús en ti confío. Con esa frase viajó por muchos países a través del ciberespacio y con los días, se ganó el cariño de miles de personas que oraban por su salud.
Con pequeños videos, la niña iba contando sobre su progreso, cómo evolucionaba en su enfermedad y la gran mejoría que tuvo, hasta el punto, que el cáncer desapareció por completo. Todo eso se debió según sus padres, al gran milagro que el Señor hizo en la niña, devolviéndole la salud. Luego de esto, Cristy junto a los suyos emprende una peregrinación por santuarios y lugares sagrados para agradecer por el milagro de su curación. Visitó el Santuario de la Virgen de Fátima, también el Vaticano, donde conoció al Papa Francisco; estuvo en México frente a la virgen de Guadalupe y visitó muchos otros lugares donde se profesa la devoción a Jesús.
Caminando con el dolor
Desde que se le descubrió la enfermedad, Cristy  inicia un crecimiento espiritual que le ayudó a soportar su pena sin quejarse jamás, y más que eso, a soportar los intensos dolores de un cáncer que volvió a aparecer hace año y medio,  pero que no por eso, llegó a dudar del amor de Jesús por ella, y del propósito que ella tenía al venir a este mundo.
Lo más bello de esta linda familia, ejemplo de templanza y unión, es que jamás ocultaron lo que sucedía con la niña. Cuando recayó se lo contaron a su ejército de oraciones, y cada paso que Cristy daba para lograr nuevamente su recuperación, era compartido para sus amigos del mundo entero.
Fernando y Mónica, al igual que Daniel y David los hermanos de Cristy, fueron testigos de ese crecimiento espiritual en la niña, y hoy Fernando no se explica, cómo su princesa jamás se quejó del dolor y cómo pudo soportar ese martirio durante todo este tiempo, teniendo en cuenta que todo su cuerpo estaba bañado por la enfermedad. Los sacerdotes que a diario le daban la comunión a la niña, explican esto de una manera, que para muchos supone algo sobrenatural; para ellos, Cristy era una santa en la tierra. Su padre no duda en ningún momento de esa apreciación, porque solo él, que veía lo que su hija era capaz de lograr en los demás, puede dar fe de la unción especial que ella tenía.
Hoy la satisfacción más grande de esta familia, pese al dolor de la ausencia, es saber que la pequeña Cristy estuvo siempre preparada para su partida, que se fue deseando marcharse al encuentro con el creador. Así se los manifestó muchas veces, que ya quería ir al cielo y siempre le dijo a Dios que cuando él quisiera llevársela, ella se iría feliz.
En el poco tiempo que Cristina Dangond tuvo de vida, logró más, mucho más que cualquier mortal. Inició con una transformación en el seno de su hogar; logró convertir a muchas personas que poco o nada creían en un ser superior; evidenció que si pueden existir personas sin maldad en su corazón, sin egoísmo, sin rencores, sin miedos pese a una grave enfermedad; logró unir a muchas personas por medio de la fe -las mismas que hoy lloran su ausencia-; y se marchó de este mundo con un corazón repleto de amor por sus semejantes y de gratitud con el Señor.
A partir de ahora todos te van a extrañar pequeña princesa; tus padres, hermanos, tu familia, tu amiguita mexicana que viajó a Boston especialmente a despedirse de ti y lo logró; tu perrita que llegó a ti por un deseo y tu mami te complació para que no te sintieras sola. A partir de mañana muñeca, muchas obras se harán en tu honor para perpetuar tu nombre, y para que nadie olvide a esa niña bella de ojos de cielo que unió en oración al mundo y llegó a cambiar corazones. La misma que jamás dudó del amor inmenso de Cristo, y que al igual que él, vivió su propio calvario, su propio dolor. Un dolor que no quisiste compartir con nadie Cristy querida, y que soportaste con valentía; buscando al volar, que muchos logren entender tu verdadera misión en la tierra, en el tiempo que el Señor nos permitió untarnos de tu ternura y de tu bondad.
Por: Taryn Escalonatarynescalona@gmail.com– @tarynescalona




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